
Hoy pudo haber sido un día de aquellos…
Amaneció y aun no entendía si la fatiga acumulada era por el desvelo ocasionado por el propósito de volver a mi infancia o por el raro sentimiento que nos convierte en seres realmente estúpidos; sin embargo el despertar me llegó de manera inoportuna cuando el sarcástico reloj que tengo en mi “mesita de noche” dio un cuarto para las seis y la orquesta afónica y estridente reventaba mis tímpanos y acababa con uno de los placeres de la vida (de mi vida).
Sonámbulo y con la extraña sensación de que seguía dormido, mire por la ventana, los destellos solares querían irrumpir en mi habitación y no faltaba el canto de algún pollo para que la mañana se convierta en una ilusa mañana dominical, recuerdo que el intento de levantarme tropezó con mi sombra, quien me acompañó, esta vez, en mis sueños; resurgí de mi tropiezo pidiendo disculpas y reincorporándome para anunciar y hacer pública que la mañana ya se estaba cocinando y que los rayos del sol se habían apoderado de mi sala. Me adentre en el cuarto de al lado y vi cómo Morfeo dominaba a mi hermano menor y lo mantenía capturado entre sus fauces, intenté luchar por su libertad, mas fue en vano y con la esperada derrota fui a la cocina por algo de comer. La cocina estaba tan silente y nívea que parecía celestial pero era una travesía llegar hasta el refrigerador ya que las ventanas estaban abiertas de ambos lados y los vientos zumbaban y corrían a velocidades impresionantes; después de un gran esfuerzo logre mi propósito y además cerré una de las ventanas para acabar con el endemoniado flujo de aire. Cogí una gelatina y recogí y arregle los destrozos ocasionados por el aire, luego fui a la sala donde los rayos solares me esperaban apaciguados detrás de las persianas para darles la bienvenida y con zozobra espiaban mis pasos por la ventana.
Me senté en un sofá mientras disfrutaba mi manjar gelatinoso, bostecé de manera inapropiada y vi que las cortinas cesaban de moverse y la atmosfera se tornaba mas tropical, le di una ojeada también al reloj y casi termino con mi gelatina de la impresión. Corrí hacia los cuartos y agarre por sorpresa al sueño saliendo con la victoria entre las manos; mi sombra ya se había despertado y comenzaba a imitar mis pasos pero aun aletargados por el despertar, mi hermano menor también hizo lo propio e intentó equipar, en breve tiempo, lo que sería necesario para que este día sea un día de aquellos…
Terminamos con el equipaje cada uno respectivamente e intentando ganarla la carrera perdida al tiempo, obviamos la primera comida del día y partimos con destino al horizonte. Mi hermano y mi sombra salieron primero yo terminé de empacar ciertas cosas y tardé unos minutos en salir… antes de cerrar la puerta fui donde mis pollos, me despedí de ellos lanzándoles unas morisquetas y agregando un monosílabo peculiar, luego eché un vistazo a los cuartos y revisé ventanas y enchufes, hay que ser precavidos un accidente nunca se sabe cuándo puede pasar, y segundos antes de darme la vuelta y no dar marcha atrás, me despedí de ella; esta vez no podía acompañarme, estaba triste y con los ojos vidriosos, la calme con algunos consuelos en palabras y apacigüé su deseo con la frase ultima de la canción: “voy a partir pero he de regresar” y regresaré por ti; para no olvidar mi soledad… y cerré la puerta dejando mis preocupaciones y fastidios en casa. Los alcance a paso de atleta, aunque de atleta no me quedaba nada, y el sol ya nos brillaba en nuestros rostros llenos de ilusión y desesperación, mientras que intentábamos alcanzar el paso del tiempo.
Eran casi las ocho y la hora acordada llegaría en menos de treinta minutos, dos almas amigas nos esperaban al otro lado de la ciudad y solo esperábamos la negociación de una llamada y la presencia del ausente en nuestra partida. Después de pocos pero largos minutos abordamos el vehículo que nos guiaría al encuentro intrascendental; la congestión vehicular sobre la brea áspera de la avenida era legítimamente sofocante que al combinarse con el calor y los destellos solares sobre el rostro engendraban un mal día; sin hacer mucho caso a los avisos de la naturaleza tratamos de que el tiempo corra con algunos chistes (¿de ojo?) y porque no algunas frases soezmente celebres (sabee). Una hora y cinco minutos se habían perdido en nuestra naciente travesía y nos acercábamos a nuestro destino lentamente y a baja velocidad pero con los ánimos frenéticamente elevados y con la temperatura más alta que el mismo Himalaya.
Descendimos caudalosamente en el paradero y bajo la sombra de un puente los conocidos se habían extraviado entre los desconocidos, recurrimos a su búsqueda y luego de subir algunos peldaños, pudimos observarlos bajo la sombra y con la indiferencia cordial de un soso saludo terminaron por acercarse con sus vestimentas no menos apropiadas que las nuestras pero dignas para la actuación, al fin y al cabo todos pensamos que iba a ser un día de aquellos…
Bajamos las escaleras acelerando el paso para poder continuar dando pelea en la carrera contra el tiempo y subimos erróneamente al vehículo del zafio destino; nuestro punto de llegada estaba a casi dos horas del lugar y el camino era inestable… Solo se podía saber que cinco personajes en el carruaje del destino, en una carrera perdida contra el tiempo y con el frenético golpe de la imaginación esperaban (¿volver?) a vivir antes de morir… El carro semilleno se movilizaba no a más de cincuenta kilómetros por hora y nuestras ansias de saber que el día seria inigualable hasta un próximo verano sobrepasaban las velocidades de la luz, sin embargo las luces rojas y el conteo regresivo de los semáforos inteligentes mantenían inquietantes nuestros sentimientos y al borde de la exasperación.
Casi al llegar a la segunda hora de camino subieron dos personajes sospechosamente vestidos y sus miradas merodeaban los bolsillos y las carteras de los pasajeros, hasta que se detuvieron en uno ya desgastado por la salinidad del océano y el polvo del tiempo y en un desapercibido forcejeo un tercero bajo velozmente del vehículo y aquel pega pega fue inútil para evitar una nueva desgracia, quizás la desgracia de mis vacaciones… pocos días atrás había vivido aquella sensación de impotencia y de sentirse engañado, de espanto y de furia, de incertidumbre y de errónea certeza, pocos días atrás te había perdido y algunas horas atrás dejé de ser el mismo; sin embargo no te pude llorar, sentí ese hincón en el pecho, esa sequedad en la garganta, esa vibración en los sentidos, esa tensión en mis sentimientos pero no pude llorar, lo quise ¡lo juro! Pero no lo logré; solo un sollozo silente acompaño a mi soledad, mas ella tampoco pudo llorar. ¡Qué impotente soy sin ti!... Los segundos transcurrían y todo era muy genuino hasta que la mano tocó aquel bolsillo despojado de su virginidad y en la intimidad ambos seres sufrimos la pérdida. La reacción fue espontánea, los insultos se disparaban como los vaqueros lo hacían en el viejo oeste y las sensaciones se atolondraban como pollos despojados de sus nidos por bestias mecánicas que carcomen el pulmón del mundo.
La incertidumbre nos doblegó, la duda nos maniató y la furia nos segó; sólo la certeza de que aquel hecho nunca podrá ser desecho y de que aquel pudo haber sido un día de aquellos. Los sospechosos con las caretas de víctimas bajaron en el paradero siguiente y los protagonistas del hurto quedaron sentenciados a las miradas de consuelo por parte de los pasajeros acompañantes; sin embargo el viaje aun continuaba hacia un destino sin soledad. Cinco almas vagabundas buscando huir de la soledad en un camino lleno de sequedad. La hora que faltaba consumirse lo hizo en pocos minutos y nuestro punto de partida ya estaba a la vista y luego de discutir y regatear al mínimo el impuesto vial que teníamos que pagar bajamos desolados, medio perdidos pero con ganas de (intentar) olvidar lo malo y pasarla bien.
Caminamos una cuadra y media y dando un vistazo al lugar concluimos que aquel lugar, sin duda, no era el balneario que habíamos planeado encontrar; preguntamos a un taxista lugareño que gentilmente nos indicó y aconsejó el mejor camino a seguir para poder buscar (tratar) nuestra felicidad… ¡Aun existen personas gentiles! Abordamos dos motos que nos encaminaron y nos dejaban vista al mar y unos pasos de la playa (a unos largos pasos). Algunos callados por lo acontecido, un tercero animando el ambiente, con los infaltables chistes, y el descenso interminable de nuestras emociones. Luego de tocar diversos temas para engreír al tiempo y hacer que la caminata se digiera más fácil y adicionando a eso una sonrisa risueña, despejamos las colinas restantes de nuestras vistas y las invadimos con un horizonte infinito que separaba el mar de nuestro otro (inesperado) destino, ¿el cielo?
Nuestras sonrisas adornaban las arenas de tan concurrida playa… aquella playa llena de la arena de mis memorias y recuerdos que el mar, a veces, con sus feroces olas se encargaba de borrar, donde el sol era mi guía a un horizonte lleno de zozobra y con la misteriosa brisa que me hacia imaginarme nuevamente a tu lado. Recuerdo que no mucho tiempo atrás vinieron un grupo de “amigos” a visitar las arenas de esta playa y se llevaron más de un bonito recuerdo y un sueño bajo el mar… Mientras planeábamos donde establecernos y volver a intentar que este fuera un día de aquellos, yo y mi sombra nos miramos, miramos el mar y recordamos aquel sueño (bajo el mar). Ubicados en uno de los extremos de la playa (extremo opuesto) al lado de las peñas y a los pies de un restaurant donde no consumiríamos pues nuestras billeteras estaban como el agua del mar, decidimos por disfrutar del “verano”, del sol, playa y arena, un poco de bloqueador para más tarde poder dormir tranquilo y una pelota de simpática compañía.
Con un mixeo de juegos, con dicha redonda y con mucha voluntad olvidábamos las ironías de la vida y nos concentrábamos en ser felices, aunque sea por un instante, pero por ser felices. Nuestras emociones rebotaban como lo hacía dicho globo y las esperanzas de pasarla bien aceleraban su llegada. Luego de una hora de diversión y esperar que se reintegre el alma rezagada, continuamos con una hora más, pero esta vez, buscando y amenazando a los indomables monstruos de la playa; una que otra revolcada y entre sal y arena nuestra felicidad curtía un buen día de playa… quizás un día como aquellos.
El atardecer nos tocaba la puerta así como también nuestras tripas nos avisaban que era el momento de saborear algún playero manjar, pero aunque las ganas eran inmensas, nuestros bolsillos eran pequeños y nos dedicamos a buscar algún lugar digno de gastar aquellas escasas monedas (¿un kiosquito?) y donde podamos saciar nuestro insaciable placer. Terminada la hora del menú, llego la hora de la partida, la separación fue inminente, inevitable y hasta innecesaria pero así sucedió, y con el gringo de testigo sobre nuestras cabezas (¿chimbas?), un fuerte abrazo, las palmaditas en la espalda, las sonrisas risueñas y las frases habituales dijimos adiós a nuestros hermanos y protagonistas de este día de playa como aquellos.
Quedamos solo los tres y adquiriendo algunos bocaditos para engañar al estomago, retornamos hacia el mar, yo, mi hermano y mi sombra. La gente comenzaba a retirarse y las olas las despedían rugiendo aun mucho más fuerte, mientras que conversábamos de aquellos temas que solo se conversan cuando hay incertidumbre de felicidad y un paisaje como un día de aquellos. El sol se ponía lentamente mientras mirábamos el reflejo en el horizonte del mar y lo mirábamos con esos ojos apasionados llenos de brillo, con esa mirada sincera y profunda, con ese desdén y con esa ternura que solo aquella mirada puede retratar… y de repente te veo a ti caminando por la orilla, con tu piel de canela por efecto del sol, con la sonrisa forzada que me regalas al voltear, con los cabellos teñidos color coral, con aquel vestido que te pude imaginar y con aquel cerquillo que no podre olvidar en una carta, en un poema o en sueño bajo el mar… Buscábamos el mejor ángulo para verlo desaparecer y exclamar nuestros deseos para volver una vez más. Entrecruzamos miradas, nos despedimos del lugar y juntos terminamos con un viaje digno de contar.
Sentados en la parte posterior, pensando en mi soledad que me esperaba en mi cuarto o sentada en mi sofá, vi una vez más a través del vidrio de la verdad y rememore todo lo que habíamos vivido dicho día y algo más. Las fuerzas agotadas y nuestras emociones flácidas y antes de dormir solo me quedaba despejar aquel propósito que brotó al momento de cerrar, con una segunda llave, las puertas de mi casa… como hubiera sido, si hubieras estado aquí… y así, soñar que tal vez, éste, pudo haber sido un día de aquellos…
M.A.T.A. gracias porque eres aquella persona que nunca dejare de necesitar.
E.L.T.L. gracias porque eres aquel sueño real del tercer hermano que nunca tuve.
C.F.R.R. gracias porque eres la sombra que me respalda en mis inconcientes actos.
V.A.R.V. gracias porque en tus acronimos siempre robas sonrisas del corazon.
S.F.V.P. gracias porque en tu madurez eres el mas carismatico de todos.
J.R.M.C. gracias porque tu ausencia se desvaloro con una amistad de verdad.